Quien a buen árbol se arrima...

domingo, 6 de julio de 2014

Parcela 211

"La historia que verán es verdadera y está basada en hechos reales.
Se han cambiado  los nombres y lugares para proteger a los implicados."




Recuerdo como si fuera ayer esa mañana primaveral de domingo de 1956. Después de casi un mes lloviendo sin parar el agua había querido dar una tregua. Una ténue neblina matinal envolvía las colinas de la Parroquia de Faramontáns  en el municipio de Terramae (en esa época oficialmente rebautizado como Tierramás).

Yo corría, a todo lo que me daban las piernas, por el camino que llevaba a Chamiceira. En una parcela en lo más profundo de un enorme y continuo pinar, que a principio de siglo había sido lugar de estivadas, mi tío Lolo "Lolo de Nucha" en el pueblo, con golpes secos y certeros de hacha estaba tumbando algunos pinos de una masa casi impenetrable. Ya cortó la madera hacía unos 7 años, pero la regeneración del pino vino tan fuerte que muchos se ahogaban en la espesura. A Lolo le bastó con ver que asomaban unos tímidos rayos mañaneros de sol para ir a "desbastar" los pinos cosa que le rondaba la cabeza desde hace meses y que el invierno y las labores cotidianas no le había permitido hacer
.—¡¡Tío!! —grité desde el camino— ¡Me mandan a buscarte! ¡Dice Tía que dejes los pinos y vayas camino de casa que no te ha de dar tiempo a ponerte el traje para la boda de Lito!!
Así era Lolo. Andar "a los pinos" cuando en dos horas tenía que estar casando al hijo.

Recuerdo su enfado unos pocos años después cuando le acompañé a recoger unos documentos del catastro y vio como la parcela de los pinos — que siempre se había llamado "Monte de Arriba"— había sido rebautizada a efectos administrativos como "PARCELA 211".

Ya antes de que se redimieran los foros mi abuelo había escapado en lo posible de "amillaramientos" y "parcelarios". Años después ya no quedó mas remedio que dar la información a los péritos y junta parcelaria que vinieron a hacer el Catastro, esfuerzo que no quedó en nada por culpa de la Guerra. Ahora sí, después de mucho ir venir, preguntar, reunir legajos y deslindar, el Tío Lolo se lamentaba de que le pusieran una matrícula a cada parcela como si fueran el Seat 1400 con el que se paseaba el alcalde.

El tiempo pasó y antes de que quisiera darme cuenta estaba en Suiza, trabajando para un pariente-vecino que había emigrado poco antes y había sido capaz de sacar adelante una pequeña empresa de construcción. Paradójicamente, según fueron mejorando los medios de transporte cada vez fui volviendo menos tiempo y menos frecuentemente al pueblo. Retornos que directamente pasaron a coincidir con funerales, y dejaron de hacerse cuando ya no quedaban allí padres o tíos que visitar.

Con el cambio de siglo me llegó la jubilación suiza y un verano me propuse volver con toda la familia a Faramontáns. La casa familiar antaño rebosante de gente estaba a un paso de ser una mera ruína. No sé como empezó todo, pero unas cosas llevaron a otras, jubilado, una buena pensión al cambio, hijos mayores independizados, así que acabamos arreglando los papeles de la casa, restaurándola y volviendo a vivir donde cada rincón guardaba una memoria.

Así me enteré que, en la famosa parcela 211, a mediados de los 90, había hecho su casa Andrés, el hijo de mi primo Lito. Bueno, realmente hizo dos casas y una piscina "casi olímpica". Suerte que su abuelo Lolo no vivió para ver su pinar convertido en tamaño residencial. Tampoco vió como aquellos pinos que mimaba llegaron a ser pinazos por cuya compra un par de maderistas porfiaron, de tan gruesos y rectos que eran.

Todos los veranos, coincidiendo con las fiestas de Faramontáns, Andrés invitaba a la familia a su casa a celebrar una buena y bien regada churrascada. Esa comida-cena solía ser una de las jornadas más dichosas del año y, a decir verdad, todos la teníamos marcada en nuestros almanaques mentales. Hasta 2006.

Tres meses de sequía y un nordés prácticamente permanente los últimos quince días habían hecho que los primeros días de agosto los incendios forestales estuvieran siendo especialmente graves en Galicia. Además el hecho de que en uno de los primeros fallecieran dos mujeres cuando un incendio en Pontevedra alcanzó su coche, había hecho que los informativos y los noticiarios radiofónicos abrieran un día tras otro con las pavorosas escenas de una desigual lucha contra el fuego. Por ello, ese año, decidimos que para la comilona familiar encargaríamos el doble de empanada y dejar el churrasco para otra ocasión.

No bien acabábamos de sentarnos cuando Carmucha dijo:
Bien me extrañaba Andrés que al final no prendieras la parrilla, bien me extrañaba. 
—¿Pero qué dices tía? —replicó Andrés— apagada y bien apagada está. Este humo que hueles no es "nuestro". Anda Alba —se dirigió a su hija— sube a la terraza a ver si viene de abajo del pueblo.
Alba entro en la casa y salió al balcón de la sala del segundo piso.
— ¡¡Papá!! —gritó a la vez que notábamos que una ráfaga de aire incrementaba el humo que nos llegaba— ¡¡viene de ahí detrás!! ¡¡del monte!!.
Andrés metió la empanada de golpe en la boca y subió al balcón. Ya salió con el móvil en la mano, mientras nosotros fuimos hacia el portón de salida de la casa y la rodeamos hacia su parte trasera. Entre la irregular espesura de eucaliptos, pinos y carballos, a unos cien metros salía un humo blanco cada vez más denso que el nordés empujaba hacia nosotros. No nos acercamos más porque casi dos metros de toxo, silva y fentos, desincentivaba claramente la idea. —Y luego habrá quien dice que debajo del eucalipto no crece nada—. Total, no parecía más grave que otras veces. En un rato la motobomba estaría allí y, como otras veces, daría buena cuenta del asunto. 

Andrés llegó junto a nosotros, con cara de pocos amigos. 
—Dicen los forestales que van a tardar. Que la motobomba está movilizada en el incendio de Ponteclemente y que este fuego debe venir desde atrás, desde San Xian donde está trabajando la brigada. Que nos vayamos apañando que en cuanto puedan vienen para aqui. Voy a tirar la manguera del jardín por encima del muro. 
El origen del humo parecía cada vez más cerca y con una manguerita de jardín Andrés empezó a regar la vegetación más cercana al muro de la casa. Suso, que vivía en otra casa aislada más al sur llegó vestido con su inseparable gorra de una marca de pienso y el mono rojo de cuando trabajaba arreglando tractores. Con él y cuatro o cinco baldes que encontramos empezamos a echar cubos de agua yendo y viniendo a una segunda manguera más corta que llegaba justo a asomar por el muro. Poco a poco, el fuego, sin ser muy intenso fue acercándose más a nosotros reptando por el abundante sotobosque del arbolado.

Un buen rato después, llegó un Nissan blanco con un logo descolorido de la Xunta. Bajaron tres o cuatro hombres de amarillo tiznados de cabeza a pies. Con los batelumes en la mano se adentraron mientras uno de ellos pedía que la motobomba del Concello se desviara en un viaje para que eso no se desmadrara. Un helicóptero pasó volando pero iba hacia San Xiao donde, según el brigadista, el fuego estaba llegando a las casas. 
—¡Joder! ¡y aquí!— oí bramar a Andrés desde donde aguantaba la manguera.
La motobomba pasó, pero pasó de largo por la carretera.
 —El fuego ha cruzado allá abajo la pista que va a Lodeiro— excusó uno de los de amarillo ante nuestra mirada inquisitorial.
Aunque la zona que en principio había causado nuestra preocupación prácticamente no hacía más que humear, el frente original del fuego ya era muy extenso y aunque aún lejos, el fuego empezaba a dar cuenta de un monte bravo de pinos, cuyas llamaradas eran claramente visibles y arrojaba un humo negro atroz.

—Van a tener que desalojar la casa— decía un Policía Local sofocado que acababa de bajar de su coche. Inmediatamente, dejamos lo que estábamos haciendo para arremolinarnos a su alrededor. Andrés pedía explicaciones, recursos, medios, y bajaba los santos uno a uno, mientras decía que él de allí no se movía. Las mujeres y niños de la familia recogieron apresuradamente las cosas, cerraron la casa a cal y canto y bajaron en los coches hasta mi casa en el pueblo. Los demás quedamos mientras las llamas eran cada vez más grandes y estaban cada vez más cerca de la casa. Ya algunos pinos grandes empezaban a arder hasta la punta. El helicóptero ¿o eran dos? descargó algunas veces cerca. Pero el fuego respondió a las descargas con bocanadas de humo que pronto eran reemplazadas de nuevo por llamaradas temibles. Vimos pasar un hidroavión de los del ICONA. Dejamos los cubos inútiles y con la herramientas del galpón empezamos a cortar toxos, xestas, silvas, pinos pequeños y brotes de eucalipto que estaban pegados al muro por la parte de la casa más cercana al avance de las llamas más intensas.
—Bien se nota Andrés, por el filo del fouciño, que eres farmacéutico— me atreví a bromear mientras, mas que cortar la vegatación, la golpeaba.
Las llamas no daban tregua y avanzaban a favor del nordés que no paraba. El avance daba cuenta de la vegetación y generaba un rumor cada vez más cercano. El humo ya nos envolvía completamente y mi primo Lito, el padre de Andrés, comenzó a sentirse mal. Ciertamente, con 70 años y un asma logrado a base de fumarse los paquetes de Record de dos en dos, no era muy buena idea permanecer allí. Me pidieron que lo bajara al pueblo. Supongo que pedirme que me lo llevara era una inteligente manera de "matar dos pájaros de un tiro". Cuando marchamos, empezaba a anochecer por encima del humo. Llegaban dos motobombas, la noche pintaba larga,... y dura.

Temprano a la mañana siguiente, cogí el coche para subir hacia Chamiceira. La carretera discurría sobre el mismo camino que muchos muchos años antes corrí para avisar a mi Tío Lolo el día de la boda de Lito. Mientras llegaba a un paisaje negro, casi lunar, humeante, no pude evitar recordarle viendo los pinares crecer o dándole aire al hacha mientras canturreaba. Contuve la respiración y en la última curva adiviné le tejado de la casa de Andrés, rojo en medio de una marea negra que lo cubría todo.

Héroes sin nombre habían conseguido que la Parcela 211 fuera un oasis soflamado en un desierto azabache.

Dijo el informativo, ese mediodía que vino el Alcalde y el Conselleiro, que fueron poco más de 250 hectáreas de las más de 90.000 que ese verano castigaron Galicia. Andrés increpó a la comitiva que se obligara a los colindantes a tener "limpias" las parcelas que rodeaban su casa que si no hubo una tragedia fue por suerte y por el trabajo de mucha gente esa noche. Después de que marcharan, y durante los dos días siguientes, estuvimos limpiando, aireando la casa y quitando algunas persianas derretidas. Hubo que retejar  un trozo que había levantado, al rozar la casa, una de las descargas de un hidroavión.

No volvimos a tener la comida de las fiestas en la casa de Andrés. No tanto por el incendio sino porque la primavera siguiente, mi primo Lolo falleció y no nos pedía el cuerpo mucho festejo.

Estas cosas cuando dejas de hacerlas un año luego cuesta retomarlas.

El monte alrededor fue recuperando verdor, nada como lo que fue, pero poco a poco esta tierra volvió a demostrar ser generosa tras el maltrato. Incluso una parte de los propietarios volvieron a repoblar las zonas ardidas.

El otro día dando un paseo pasé por delante de la casa de Andrés y le vi a la puerta.
—¿Qué Andrés? ¿Cómo va todo?
—Ahí vamos, tirando. —y cambiando la cara con cierta satisfacción dijo señalando el lado de la casa— Mira, mira. Ahora la ley obliga a limpiar alrededor de las casas. El alcalde ha mandado la cuadrilla.
—Ah muy bien! —no pude evitar que se me escapara cierto tono de retranca sabiendo que el alcalde es amigo de la infancia de Andrés— ahora esta todo mucho mejor. 
Y mientras continuaba mi paso por el camino que viene de Chamiceira no pude evitar recordar lo que decía un oficial albañil italiano que teníamos en Suiza, siempre que salía algo mal en la obra:
É un mondo difficile ! 




1 comentario:

MARTA SANTOS dijo...

A Andrés NUNCA se lhe deveu conceder autorizaçom a fazer a casa aí. No 2006 arderom miles de ha de monte por salvar casinhas construidar no meio de terreos florestais. No 2006 o bipartito só prorrogou o modelo Fraga em luitas contra incéndios, nom lhe deu tempo a por em marcha o troco planeado devido ao pouco tempo existente entre as eleiçons, o veram e o amplo do dispositivo. Este troco si se deu no ano 2007. Os que curramos em lumes sabemos que a melhora abismal de EPIs, coordinaçom de meios, protocolos para avisar, mobilizar e ataque. O de manter limpas as franxas de seguridade foi criticado no seu día polos que agora governam "isso era impossível", "como sei ía obrigar a gente". A lei de incéndios do 2007 era um punto de partida, aposto que no 2017 a gente se dirá "pero como ainda nom limpou o monte!". Os cambios na sociedade vam lentos e calando pouco a pouco, os ciclos políticos, por desgraça nom.

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